THE LAMB LIES DOWN ON BROADWAY
1974. Genesis

Año 1975. Pabellón de Deportes del Real Madrid. Genesis acaban de presentar su último espectáculo, The Lamb Lies Down On Broadway, sin duda, su realización más ambiciosa. Tras una propina casi obligada (The Musical Box), la reacción del público es completamente inusual en éste tipo de eventos. Nadie pide más. Es imposible intentar asimilar más música. Nadie termina de creer lo que ha visto y oído en las dos últimas horas. ¿Habrá sido un sueño?

Lentamente, con miradas cómplices y el rostro perplejo, la gente se retira Castellana abajo, en medio de un silencio casi sepulcral.

Que el lector no se engañe. No es en absoluto falta de entusiasmo. Es, más bien, como esas grandes manifestaciones en que el silencio es mucho más elocuente que el griterío.

Y es que los afortunados asistentes, acaban de contemplar en directo la más importante obra "conceptual" de toda la historia del rock, muy superior en todos los sentidos a todas las de su género. Y eso que el mundo de las "óperas-rock" cuenta con un buen número de maravillosas producciones.

Sobre la base de una historia genial, Genesis crean un espectáculo total en el que junto a una música inigualable, los elementos escénicos destacan como nunca antes lo habían hecho, en un derroche de imaginación, fantasía y perfección.

Todos podríamos identificarnos un poco con Rael, ese macarra puertorriqueño a la búsqueda de sí mismo, y que por fin logra encontrarse en la renuncia a la maldad y el egoísmo y en el abrazo a eternos valores superiores: el amor, la amistad y la entrega. Rael ya es Real. Su hermano John está dentro de sí mismo.

Pero no vamos aquí a desenmascarar toda la historia. Mejor escuchar el disco y embarcarse en la lectura del interior de la maravillosa carpeta.

Mejor dejarnos llevar por la magia que nos encanta ya desde las misteriosas notas del piano con que da comienzo el primer tema, que da título a todo el álbum.

En un principio los roles estaban bien delimitados. Banks, Collins, Hackett y Rutherford asumían el trabajo de la composición musical, mientras que Gabriel se reservaba para sí la elaboración de los textos que iban a dar forma a la historia, en la que, de alguna manera, pretendía reflejar alegóricamente sus temores a terminar siendo absorbido por una industria musical coartante y, por supuesto, la postura que debería tomar ante tal peligro.

Sin embargo, infinidad de problemas durante el período de gestación de la obra, propiciaron un cambio de planes, de tal manera que, al final, el disco resulta un producto de la participación de todos.

Sea como fuere, el resultado es ese sonido compacto tan característico, en el que resulta imposible desligar la música de la propia historia.

Tras The Lamb... continúan uno tras otro una serie de temas por
donde se va deslizando nuestro protagonista, entre extraños personajes y complicadas situaciones que encuentra en su camino.
Peter Gabriel se mete en la piel de todos ellos en la que constituye su mejor interpretación, ayudado en directo por un estudiado y brillante juego de luces, efectos visuales, espectaculares disfraces y proyección de diapositivas.

Pero todos estos elementos no son nada en comparación con el abrigo musical que Gabriel recibe de manos de un grupo genial en las composiciones, fantástico en los arreglos y con una interpretación directa, potente y fina.

De ésta forma trascurren sin solución de continuidad Fly On A Windshield y Broadway Melody Of 1974. El excelente trabajo de Tony Banks con los teclados ya no deja de maravillarnos hasta el final. Las compactas entradas de bombo y bajo (que parecen pegados con cola) sosteniendo el dibujo de la guitarra resucitan a un muerto.

La delicada Cuckoo Cocoon da paso a esa exhibición de fuerza que supone In The Cage, con exóticos juegos con los modos y un solo de sintetizador para enmarcar.

La indiscutible creatividad de Steve Hackett trabaja a lo largo de todo el doble álbum al servicio del sonido general del grupo, luciéndose en los momentos oportunos pero, sobre todo, formando parte del entramado armónico, con un impresionante resultado. Guitarristas con esa habilidad no se encuentran fácilmente.

Tras The Grand Parade Of Lifeless Packaging, llega uno de los momentos cumbre, Back In N.Y.C., toda la fuerza del rock concentrada en un riff de métrica dispar.

Hairless Heart es un tema instrumental al que sigue la sencilla canción destinada a single: Counting Of Time.

Y llegamos ahora a dos auténticas joyas: Carpet Crawlers que, en una clase de teoría de la música podría servir como lección práctica sobre el uso de los matices, y The Chamber Of 32 Doors, con un papel preponderante del bajo.

Como siempre, Mike Rutherford se multiplica a lo largo de toda la obra, doblándose con las doce cuerdas en multitud de momentos y logrando texturas imposibles, de no poseerse esa habilidad con el doble mástil.

La increíble canción de la ciega Lilywhite Lilith nos da a entender que éste segundo disco es tan bueno como el anterior.

La colaboración de Brian Eno se deja sentir en The Waiting Room, para pasar después a uno de esos temas "de pañuelo": Anyway, una canción que lo tiene "todo".

Hablemos ahora de Phil Collins. A las endiabladas baterías se une una labor excepcional con las voces. Resulta espectacular verle desenvolverse en directo, sin quitarse los auriculares, con total concentración, en un trabajo solo para elegidos.

Siguen ahora dos temas, uno instrumental y otro vocal que, cada uno a su modo, rompen el molde. Me refiero a Here Comes The Supernatural Anaesthetist y, sobre todo a la canción que ilustra a la mujer-serpiente: The Lamia.

Silent Sorrow In Empty Boats cerraba en vinilo, de forma misteriosa, la cara 3.

The Colony Of Slippermen es un momento majestuoso. Uno de los mejores temas del grupo en toda su larga existencia, donde podemos maravillarnos con la capacidad musical de todos sus miembros y la habilidad de juntar esas cualidades individuales en un todo común perfectamente armónico.

El remanso de Ravine nos lleva a una especie de reprise, The Light Dies Down On Broadway. La tensión vuelve a crecer con Riding The Scree.

La determinante escena de In The Rapids se resuelve magistralmente en el estallido final, tanto literaria como musicalmente: It.

No quisiera finalizar éste capítulo sin mencionar la reciente aparición en el mercado de una preciosa edición para coleccionistas, pero perfectamente oficial, titulada Genesis Archive 1. Se trata de un álbum cuádruple en el que, entre otras cosas, podemos encontrar la interpretación completa de The Lamb en directo, grabado durante su concierto en el Shrine Auditorium de los Angeles el 24 de Enero de 1975. Un disco magnífico y de enorme atractivo para quien quiera revivir la intensidad de los conciertos de Genesis por aquéllos años. (Además podrá encontrar, también en vivo, maravillosas interpretaciones de otros tantos temas históricos de la banda, así como algunas de las primeras grabaciones de sus comienzos, de gran interés documental).

Este no es un disco fácil. Pero en cada audición posterior encontraremos cosas nuevas y nos gustará cada vez más y más. Solo es preciso correr la aventura de adentrarse por sus vericuetos.

Quien lo quiera hacer disfrutará con él. Quien no esté dispuesto a tomarse ese trabajo, puede escuchar a Tamara, a King Africa o a Tony Genil. Es su problema. A mí qué me importa.

(Extrato del libro "Pop.rock. Cien discos inolvidables" de C. Pastor) Por favor introduzca aquí su texto.