Carlos Pastor 
Madrid en 1961
Un currículum me manda hacer Violante y, como Lope, en mi vida me he visto en tal aprieto.
Si lo haces muy serio resulta de una ñoñería irritante. Pero, sin embargo, es la oportunidad de que alguien se fije en mí, ya que los de los teclados compartimos con bajistas, técnicos de sonido y acomodadores, el dudoso honor de pasar absolutamente desapercibidos en los conciertos. Y eso, por más que te esfuerces en explicarle a todo el mundo que ostentas la dirección musical de la banda, que sin ti todos serían unos mindundis y demás zarandajas encaminadas, como no podía ser de otro modo, a intentar ligar algo.
Así que ahí va:
Es cierto que tengo una sólida formación clásica, ya que tuve la suerte de realizar mis estudios con algunos de los mejores maestros. Pero como los puñeteros Beatles ya me habían picado con su venenoso aguijón desde muy temprana edad, mi vida musical tomó por el mal camino y me temo que mi madre verá truncado su sueño de verme en el Real vestido de pingüino, en lugar de haciendo ruido con esta pandilla de impresentables.
También es cierto, aunque resulte paradójico, que, pese a que se me vea tocando el piano, la guitarra o cantando en un grupo de tributo, la faceta musical que más he cultivado a lo largo de estos años ha sido la de la composición. Ahí quedan todo un puñado de temas de todos los espectros (de los que, esta vez sí, me siento orgulloso) que, tras descansar en un cajón como la Bella Durmiente, algún día serán despertados por mis nietos, no se si con morbo o regocijo.
A principios de los ochenta fundé CLAP. Si mis datos no me engañan, debió de ser una de las primeras bandas españolas en hacer fusión, con complejos esquemas musicales para los tiempos que corrían. Como era de esperar, no pasó nada. Eran épocas de “niu güeivs”, movidas pedorras y “música fresca” (yo más bien creo que eran unos frescos).
Posteriormente, junto a mi hermano Adolfo, dimos vida a uno de los mejores grupos de pop-rock de calidad del circuito madrileño (esto no lo digo yo, no creas que soy tan jactancioso. Lo dijo un reputado crítico musical recientemente fallecido y de algo me tienen que servir sus palabras). Nos pusimos de nombre LA LUNA, aunque más tarde fuimos conocidos como ASUNTOS DE FAMILIA.
Esta vez el futuro sí se presentaba prometedor, pero a Adolfo le pareció buena idea dejar este mundo y se marchó una madrugada, supongo que a ir preparando los temas que tocaremos en el año 2100. Como todos los genios, siempre iba un pasito por delante de todos.
De todas formas, ahí queda todo lo que dejamos grabado. Otra vez (y ya van dos, me estoy pasando) tengo que decir que me parece buenísimo lo que hicimos.
Después del palo me dediqué a escribir un mamotreto titulado “Pop-Rock. Cien discos inolvidables”. Los editores huyen de él como de la peste, dado el grave problema de la escasez de papel unido a mi insuficiente capacidad para escribir tres párrafos seguidos de forma legible. Las últimas noticias de mi “agente” (perdón si vuelvo a caer en lo pomposo; realmente es un amiguete con mucha labia) es que acaba de engañar a un editor y pronto asistiremos al parto.
Y como mi mujer me instaba a hacer algo que nos permitiera vivir con dignidad (que ya está bien lo que ha aguantado la pobre), aproveché este tiempo para ganar unas oposiciones como profesor de música. Como saqué el número uno (y AHORA SÍ QUE HE SIDO PEDANTE, pero recuerda que soy teclista y esta es mi oportunidad), le cogí el gustillo y gané otras un poquito mejores, también como profesor de música.
Desde entonces vivo honradamente de la docencia, apartado de los ambientes de mala vida y disfrutando de lo mejor que he hecho en todos estos años: mi hija Carla.
Pero, como soy un culo de mal asiento, a principios de 2006 sentí la necesidad de buscar algo que me liberara del trabajo más metódico y arduo de las clases diarias. Me pareció que nada podía ser mejor que rendir tributo a Genesis, una banda de la que me enamoré perdidamente y para siempre desde que tuve el privilegio de verles en la gira de The Lamb, hace ya más años de lo que me gustaría.
Y en eso estamos…