SELLING ENGLAND BY THE POUND
1973. Genesis
Aún no he conocido a nadie que haya podido olvidar lo que sintió la primera vez que escuchó Selling England By The Pound.
Todos coinciden en esa sensación de enfrentarse a una obra con un concepto totalmente nuevo, pero que no se limita a la mera novedad, sino que además es de total calidad. O sea, eso que uno espera hallar cada vez que tiene entre sus manos una primicia discográfica, pero que rara vez sucede.
Antes de continuar, he de reconocer que siento una especial debilidad por éste álbum. Si me viera obligado a elegir los cinco discos que me llevaría a una isla desierta, está claro que éste sería uno de ellos.
Y es que todo en él, cada uno de sus elementos, es arte puro.
Si el arte pretende emocionar y conmover, esta banda lo consigue aquí de principio a fin.
En ésta época de los primeros años 70, Genesis se convierten en el más "teatral" de cuantos grupos han poblado el panorama musical. Imposible olvidar su espectacular puesta en escena, las magistrales actuaciones de Peter Gabriel cambiando de disfraces, de voces, interpretando a todos los personajes de aquéllos cuentos mágicos, de aquéllos textos desbordantes de imaginación y fantasía.
Si el arte pretende sorprender, no cabe duda que ellos dan en el centro de la diana.
Pero no es Gabriel todo lo que reluce. Precisamente aquéllas escenificaciones desviaron la atención de críticos y comentaristas, haciéndoles silenciar la labor de cuatro músicos geniales. Ese silencio es especialmente injusto para alguien que es, sin lugar a dudas, uno de los más grandes compositores de rock de todos los tiempos. Me estoy refiriendo a Tony Banks, teclista de exquisita sensibilidad y buen gusto, personaje en la sombra, ya que ha volcado lo mejor de su producción en la obra de Genesis y no en títulos individuales.
Genesis superan los exhibicionismos personales y ponen su talento a disposición del perfecto ensamblaje de sus obras.
Si lo que busca el arte es la belleza, estos músicos son artistas de élite.
Podemos comprobar todas éstas apreciaciones disfrutando cualquiera de los temas. Cojamos, por ejemplo, Firth Of Fifth, ya un clásico de su repertorio. La pieza consta de tres motivos diferentes, enlazados entre sí con un prodigioso sentido de la forma.
La preciosa introducción de piano, combinando ritmos binarios y ternarios, será retomada más adelante por todo el grupo con una fuerza que pone los pelos de punta.
El segundo tema es el desarrollo de la canción. Bajo la melodía de la voz podemos apreciar el típico manto instrumental que caracteriza a éstos auténticos maestros en la creación de "ambientes".
Por último, una tercera parte, llevada a cabo por la flauta en una bellísima melodía y que será recogida al final en el espectacular solo de guitarra de Steve Hackett, de quien no vamos a descubrir ahora que es uno de los músicos más imaginativos de toda la historia del rock.
El L.P. se abre con Dancing With The Moonlit Knight, donde se pueden apreciar igualmente todas las virtudes melódicas, rítmicas y armónicas que caracterizan al resto de Selling England.
Continuamos éste viaje musical con I Know What I Like, destinada al lanzamiento del álbum y que, aunque de construcción más sencilla, no desentona con el resto. La magnífica portada está basada en la letra del tema.
Tras pasar por la ya comentada Firth Of Fifth llegamos a More Fool Me, una bonita canción con instrumentación de guitarras que da la oportunidad a Phil Collins de debutar como cantante solista, presagiando lo que, años más tarde, sería una carrera plagada de merecidos éxitos.
Pero donde verdaderamente descuella su trabajo es con la batería.
A lo largo de todo el disco, Collins hace un alarde de precisión y elegancia, fundamentalmente en el siguiente tema, The Battle Of Epping Forest, claro ejemplo de lo que es un batería con "clase".
La canción, de casi doce minutos, no tiene desperdicio. Desde los primeros compases en 7/4, todo el grupo va descargando una energía inigualable. El trabajo de todos los miembros es fantástico. Gabriel se "sale", desarrollando una de sus mejores interpretaciones, sobre todo en esa parte central sobre la tela de araña que tejen las guitarras. Y junto a esto, un Banks inmenso y un Michael Rutherford indescriptible, tanto como bajista, en perfecta conexión con la batería, como en otra de sus especialidades, la guitarra de doce cuerdas, con la que suele ayudar a formar esas telarañas a las que hacíamos referencia junto a las otras guitarras (de Hackett y, ocasionalmente, del propio Tony Banks) y a los teclados.
De aquí al final, mejor escucharlo. Las palabras se quedan cortas. Es una pieza absolutamente genial.
After The Ordeal es un tema instrumental en el que el grupo y muy especialmente Banks desarrollan sus extraordinarias dotes como instrumentistas y arreglistas sobre una composición de claro sabor clásico.
Llegamos ahora a The Cinema Show en donde la creación de ambientes apuntada arriba, adquiere su máxima expresión. Lentamente, la canción va creciendo para estallar en el magnífico solo de teclados sustentado por un trabajo rítmico del más alto nivel. Resulta espectacular ver en directo a Rutherford atacar la guitarra mientras con los pies toca el bajo de pedales.
Aisle Of Plenty marca el final de ésta joya.
Sí, verdaderamente es uno de los cinco discos que me llevaría.
Tras conseguir la altura alcanzada con Selling England By The Pound, parece imposible que se pueda dar un paso adelante. Sin embargo, esa caja de sorpresas que fueron Genesis, lo consiguió con la publicación de su siguiente trabajo, The Lamb Lies Down On Broadway. Pero eso es otra historia...
(Extracto del libro "Pop-Rock, cien discos inolvidables" de C. Pastor).