Francisco Lalanda

Nacido el mismo año en el que los Beatles tocaron en España, este madrileño de Lavapiés ya apuntaba hacia la música con su ensordecedor berrido llorón. En la terraza de casa, frente al tenderete, cantaba los éxitos del momento (Raphael, J. Iglesias, Rumba 3!!!!.....) corriendo las pinzas de un lado a otro mientras, entre canción y canción decía “¡otro disco!”. Tierna infancia. No fue hasta que con 16 años, un guitarrista heavy del cole necesitado de banda rockera, le convenció para que se comprara un bajo argumentando que “el bajo es el alma de la música”.
Desde entonces estoy de acuerdo. Así que, vendiendo cintas piratas en el rastro, conseguí mi primer bajo “Arirang”. Mientras intentaba tocar a Leño, Barón, Topo y algunos más, descubrí a Mr. Chris Squire y su magnífico “Roundabout”. Enloquecido, me interesé más por esos ritmos raros, parafernalia abultada, partes imposibles y sonidos que conseguían que me olvidara de los “Space Invaders” para que una pacientísima madre me pidiera chillido tras chillido que bajara la “infernal e insoportable música”. Pero el día que mi madre me dijo a voz en grito desde la cocina, al terminar los últimos compases de “The Cinema Show”: “¡hijo mío, esto es música!”, comprendí que había sido la magia, el amor al sonido, la conjunción, el estilo y el grupo que me seguiría hasta el final de mis días.
Conseguí entrar en el conservatorio, donde estudié hasta 3º de contrabajo (…el alma…) y habiendo pasado por algún grupillo en el colegio y por otros en el barrio, empecé a tener hijos (la bendición alemana), teniendo que abandonar mis estudios musicales para empezar a ganar dineritos con otra loable y digna actividad.
A pesar de ello, montamos una banda de blues llamada “Papis Blues Band”, que después de ensayar (ejem, ejem..) un año, no llegamos a tocar en directo NI UNA SOLA VEZ!!!! Después, ya más adelante, cuando había enterrado mi bajo Fender, me llamó uno de mis antiguos compañeros para formar parte del proyecto “Balas Perdidas”, grupo de rock sureño pululando por los garitos madrileños. A los tres años, las “balas” se transformaron en “MALKAMINO”, que a su vez, y después de varios avatares se diluyó en la escena de la Villa para seguir nuestros propios “kaminos”.
Así fue como contacté con “The Roll-on Stones”, magnífico grupo tributo a los Rolling, con los que sigo divirtiéndome de lo lindo. Y entre medias, haciendo la comida de mis niños, recibí la llamada del destino, de la esperanza, del sol, de la tentación suprema…..la llamada del magnífico….Juan Talavera. A pesar de mis reticencias a entrar en otra banda, convencióme para hacer una prueba y tomarnos unas cañas, a ver qué pasaba.
No podía ser de otra manera.
Mi destino estaba escrito y aquí estoy, intentando emular al grandísimo Mr. Rutherford.
Espero que algún día me perdone la osadía…